He tardado bastante tiempo en decidirme a escribir esta história. No sé si lo haré en dos o tres posts para que no se haga demasiado larga. Es importante para mí que la leais y compartirla con vosotros aunque os advierto que es una história dura.
Ya no recuerda el día exacto en que todo comenzó, sólo que al principio eran unas "litronas" con los amigos, luego unos cubatas los fines de semana y pronto llegó el momento en que no era suficiente colocarse en la discoteca o bar musical ¿para que iba a esperar? tenía que empezar a beber mucho antes de salir de casa, había que llegar al lugar con varias copas de más para continuar bebiendo y bebiendo una vez allí. Tampoco recuerda muy bien el motivo pero si recuerda que fué pasando el tiempo y recuerda que un día se dió cuenta que no podía parar, había llegado al punto sin retorno. Es curioso porque también había estado tonteando con todo tipo de drogas pero prácticamente había quedado en un tonteo, y sin embargo el alcohol era demasiado poderoso para ella. La situación se le iba de las manos y no encontraba la forma de parar. Por mucho que quisiera negarlo en el fondo sabía que aquello sólo la conducía a la destrucción. Su vida era un constante altibajo, a veces alegre: "bah, sólo es una diversión, cualquier día lo dejo" otras hundida: "¿pero que estoy haciendo?" hasta que un día en uno de esos momentos bajos decidió ponerle fin.
Se había discutido por enésima vez con su nóvio, ex yonki y persona problemática donde las halla y hacía unos meses que había conocido un chico en el bar donde trabajaba. Aquella noche esperó a que se cerrará el local y a la salida él la estaba esperando:
- Te lo he dicho muchas veces, dame una oportunidad. Yo puedo darte otra vida, la vida que te mereces.
Todavía recuerda sus ojos, esos ojos negros y profundos, esos rasgos típicos de los árabes, esa belleza.... tanto exterior como interior.
- Vamos, te invito a cenar, salgamos, hablemos...
- Bien, me cambio de ropa y estoy lista enseguida.
- Aquí te espero.
Fué una noche especial, mágica podría decirse. Durante el tiempo que estuvieron juntos olvidó todo, el daño que día a día le hacía su nóvio, su problema con el alcohol y se dió cuenta que existía otra manera de tratar a una mujer y era como él lo hacía.
Volvió a su casa ya de madrugada, sus padres dormían en la habitación de al lado. Por una parte pensaba que tal vez si pudiera romper con todo, que podía recuperar la ilusión perdida, volver a ser la que era antes. Pero por otra se sentía culpable, lo que había hecho no estaba bien, aunque su nóvio se lo mereciera en el fondo se sentía mal. Culpable por estar destrozando su vida con el alcohol y sobre todo por estar destruyendo la de sus padres.
Si, esa noche iba a acabar con todo, sólo tenía que abrir el cajón de la mesita. Sus manos temblaban, apenas atinaba a abrirlo pero cuando lo consiguió y dió con la caja de tranquilizantes fué cuando empezó a sentirse aliviada. Era cuestión de minutos y todo habría acabado, su sufrimiento y el de sus seres queridos. Un vaso de ginebra y una pastilla, dos, tres, cuatro... así hasta acabar con toda la caja. Se recostó en la cama, apagó la luz y se dejó llevar. Apenas pasaba nada por su mente, sólo quería descansar, descansar de una vez por todas. Y poco a poco fué notando como sus ojos se cerraban y como su cuerpo caía en un sopor que la inundaba de paz.
De pronto escuchó una voz que aunque lejana y débil le resultaba familiar. Sentía cachetes en la cara pero era incapaz de abrir los ojos. Era la voz de su madre:
- ¡Hija mía!!!! ¿pero que has hecho?
Aún más lejos podía oir a su padre:
- ¿Qué pasa? ¿qué le pasa a mi hija? Llama a una ambuláncia, rápido, hay que sacarla de aquí como sea.
Después todo ocurrió rápido, de aquello apenas recuerda nada... voces, ruidos, una sirena, el sonido metálico de una camilla... la gente hablaba pero los sonidos le llegaban como si estuvieran en otra parte y es que ella prácticamente ya no estaba en el mundo real.
No recuerda como ni cuanto tardó en llegar al hospital pero lo que si se quedó grabado en su mente fué cuando le introdujeron unos tubos por la nariz y aquellas palabras: "hay que hacer un lavado de estómago, rápido, se nos va..."
Y después sólo la oscuridad...