miércoles, marzo 16, 2011

A GRANDES MALES GRANDES REMÉDIOS

Corría el año 1993, entonces yo tendría unos 20 años y trabajaba de camarera en un restaurante. La verdad que estaba bastante a gusto, eran muchas horas (festivos incluídos) pero el sueldo no estaba mal, con los dueños tenía mucha amistad y no tenía que desplazarme para ir a trabajar porque estaba justo al ladito de mi casa. El caso es que tenían una hija unos dos años menor que yo, que entre una cosa y otra empezó a cogerme manía. Porque muchas veces los clientes se pensaban que la hija era yo: "dile a tu padre que tal y tal" "no es mi padre, yo sólo trabajo aquí". Porque sus padres pues la verdad que si me trataban como si fuera hija suya. Porque la mayor parte de veces los clientes preferían que los atendiera yo a que lo hiciera ella (es que tendríais que haber visto la cara de vinagre que tenia la tía) Y por esto y alguna cosa más pues acabó odiándome. Yo no tenía culpa de todo eso y en ningún momento intenté ocupar el lugar de nadie pero empezó a meterse conmigo, a decirme ciertas cosas bastante desagradables y todo esto en horas de trabajo. Yo intentaba disimular al máximo para que la gente no lo notase y la verdad que casi siempre lo conseguía pero claro, se creó un clima de tensión entre ella y yo bastante insoportable. Hasta que un día me cansé, me la encontré por la calle y no lo pensé dos veces:
- ¿Me quieres decir por qué te comportas así?
- Oye mira, déjame en paz ¿vale?
No me gustó su tono, la verdad que ya no me gustaba nada ella, la cogí por la pechera, la acerqué a mí y le dije:
-Mira nena, te voy a decir una cosa y quiero que te quede bien claro. La próxima vez que te vuelvas a meter conmigo mientras estoy trabajando o simplemente me mires de una manera que a mí no me guste..... en cuanto te vuelva a pillar en la calle te piso la cabeza ¿te ha quedado claro?
Se puso muy nérviosa, se le saltaban las lágrimas y me dió tanta pena que la solté pegándole un pequeño empujón y me fuí de allí. Claro, la niña era una cobarde que sólo se atrevía a molestarme en mis horas de trabajo, donde sabía que yo poco podía hacer.
Como me imaginé le fué con el cuento a su padre y unas horas más tarde lo tenía picando al timbre de mi casa:
- Ya no hace falta que vayas a trabajar, no quiero verte más por allí.
Intenté explicárselo pero no me dejó.
- Dentro de dos días puedes pasar a buscar la cuenta.
Un tiempo después me enteré que al final les había contado que si, que era ella la que había empezado todo aquello, que algún cliente les había dicho que algo habían notado y entre eso y que ellos mismos también habían visto alguna cosa pues a los dos días volvía a tener al padre en mi casa:
- Mira, es que tienes que entenderlo, es mi hija y me puse muy nervioso. De verdad que no quería decir lo que dije. Ya hemos hablado con ella seriamente, es que no sé..... te ha cogido mucha manía pero te aseguro que esto no va a volver a pasar. Vuelve a trabajar, anda. Lo siento, de verdad que siento mucho todo esto.
Volví y desde entonces hasta que dejé de trabajar allí (por otros motivos) todo como una seda y sin problema. La hija hablaba lo justo conmigo y la mitad de veces ni se atrevía a mirame a la cara. Vale, seré un poco mala pero en cuanto tenía oportunidad me paseaba frente a ella con aires de victória, jajajaja...
Sé que me arriesgué a perder el trabajo pero no estaba dispuesta a que una niñata de papá me humillara y me hiciera sentir mal. Lo que yo digo: a grandes males grandes remédios.

Nota: la verdad que trabajar en un sitio así te hace conocer mucha gente, vivir muchas histórias y ahora con todo esto me ha venido a la mente una muy especial con un chico árabe. A aquella história en su momento la llamé (y sigo llamándola) "El cuento de las mil y una noches". Era un albañil que iba cada día a comer al restaurante y la verdad que fué algo muy bonito. Tal vez me anime y un día os la cuente.

11 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

La vida desde un andamio y una comida caliente... Como siempre un placer haber pasado por tu casa.

Saludos y un abrazo.

Jaime Rivera dijo...

Qué divertido. Me imagino la vergüenza del padre yendo a pedir perdón.

Por cierto, me acordé de ti hace unos días que leí un libro sobre magia Enóica. No sé si así se escriba en español, pero en inglés es ¨Enoich Magic¨. ¿La conoces?

Jaime Rivera dijo...

Quise decir Enochian Magic. En fin, era algo así, jeje. Saludos.

Lara dijo...

¿Te acordaste de mí? que raro!!! jajajaja.... Pues había oido algo sobre el tema pero yo tiro más a lo que se denomina "Mágia Wicca" aunque tampoco me puedo "encasillar" en un tipo concreto.
Muuuuuuacksssss!!!!

Daniel Marcos dijo...

Estoy deseando escuchar la historia de las mil y una noches.

Liova dijo...

Hola Lara!!!! Ya ves, en los trabajos hay gente "pa" todo, como en botica... lo mejor es que el padre te pidió disculpas. Por cierto... anímate y cuenta algo de LAS MIL Y UNA NOCHES... seguro que será mágico. CUÍDATE MUCHO. BESITOS Y SALUDITOS DESDE CÁCERES.

Luminicus dijo...

La verda no puedo imaginarte así de ruda!!!
Un besote grande!!!

Lara dijo...

Jajajajaja.... pues cuando me pisan el rabo puedo ser mucho más que ruda ;)
Otro besote guapa!!!

Germán dijo...

jajajaja me ha gustado mucho la historia. La verdad es que el conocer gente es una de las mejores cosas de la vida.
Un Saludo

Estrella_Matutina dijo...

Me encanta que no te dejes pisotear. Muy bien hecho.

Por cierto, quiero que me cojas por la pechera ;) Jajajaja....

Muaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxks!!!!

Lara dijo...

Jamás, eso lo último,

Ya te cojeré ya pero de otro lado, jajajaja...
Muuuuuackxxxxxxxxxxxxxxx!!!!